10 de noviembre de 2014

Chile


Tren del recuerdo

Interminables planicies donde el viento sopla sin cesar. Gélidos lagos con aguas cristalinas que invitan al baño. Humeantes volcanes de cumbres nevadas que parecen sacados de una pintura divina. Árboles milenarios con cortezas como caparazones de tortugas inmensas. Silencios interrumpidos por el pájaro carpintero o el tero avisando que está cerca su nido. Cóndores volando a la altura de tu cabeza, nubes del color de las frambuesas. El inmenso Pacífico queriendo besar la luna llena, mientras ruge en un intento de invadir la tierra de nuevo. Atardeceres donde los lobos marinos se recortan bramando al sol que se esconde. Pelícanos en formación sobrevolando la casa de Neruda. Estar en la cima del mundo y bajar por la nieve como en un tobogán. Lluvia sobre lluvia para que el musgo pueda ser del tamaño de la mano. Callejuelas llenas de arte que desaparecerá más pronto que tarde. Un cielo verde, azul, morado y violeta, con nubes que parecen peinadas. Viñas hasta donde alcanza la vista. Cabañas llenas de sueños donde todos caben. Olor a leña y eucalipto. Historias de duendes, de pioneros y visionarios. Una hoguera bajo las estrellas con vino chambreado y un cocimiento con lo que queda para pasar el mes, acompañado de una guitarra y una voz. Sudar en el te-mazcal con seis amigos desconocidos a las tantas de la mañana, acompañado de un chiste subido de tono. Un tren de dos vagones acercando a la civilización a pueblos que se vacían. Abuelas cercanas a los 90 cuidando el jardín con un pájaro que anida bajo su tejado como compañía. Lágrimas en sus ojos porque no saben cuándo te volverán a ver. Hermanos que ayudan a recuperar las viñas centenarias quemadas y con ellas un sueño. Y un trago de vino ante alguien feliz por ser la primera vez que un turista le saluda. La historia de un pueblo viviendo dos meses en un cerro por el miedo a bajar y que se les trague el océano después de un terremoto. Sentir un temblor tomando un café mientras la vida sigue. Una canción de la república española con voz de barítono. Un terremoto en la piojera a las dos horas de llegar a la ciudad. Y una espontánea bailando cueca para acompañar a la Sra. Carmen en la parada del tren.  Una cerveza compartida observando cómo enderezar la vía del tren descarrilado a mazazos. Historias de mujeres abandonadas y valientes que crían a sus hijos con la esperanza de llevarlos a la Universidad. Tejer una alfombra reciclada para una familia que perdió todo en un incendio con Francisca y Leonor. El regalo de un pan amasado. Un piropo de los de antes.
Volcán Villarrica desde Parque de Huerquehue

Atardecer en la Lobería, Cobquecura

Y conversaciones. Decenas. Cientos quizá. En cada pueblo, en cada estación, con cada tendero. En la peluquería, en la cola del autobús, sentada en un banco a la sombra. Con Luis, el mapuche que cuenta cómo echaron a Monsanto de su pueblo. Con Jose Luis, el argentino que aprendió a estar en el lado bueno después de estar en el lado malo. Con Hugo, el abuelo que recién se enteró que tiene un hijo de cuarenta años y no sabe qué hacer. Con Carolina que dejó su cómoda vida para luchar por un sueño. Con Marce, que sueña con el viaje regalado por un hijo que será ingeniero. Con gente anónima que pasa a tener nombre e historia. Que da las gracias al chofer al bajar del autobús. Que te desean que te vaya todo lindo al comprar. Que te pregunta de dónde eres a la primera “zeta”. Que te invita a su casa a los cinco minutos de conocerte. Que critica a su propio país por su avance económico pero retroceso social. Gente muy humana, gente de piel. Con un corazón que no les cabe en el pecho. Preocupada porque esa humanidad se está perdiendo, rápido, sin control, haciendo que la balanza se incline por el “tener” antes que por el “ser”.

Así ha sido mi Chile. Me voy con el corazón lleno de gente amable, con tanto aprendido, con nuevos amigos a los que ya estoy echando de menos y ganas de ver a otros a los que me he perdido en este larguísimo país. 
Valparaíso
 En un autobús alguien se despidió con un "disfruta de este día como que fuera el último y di lo que tengas que decir por si no estás mañana". Ojalá disfrutéis de vuestro día así. :)
San Antonio

 

2 comentarios:

  1. Pedazo de frase final!! Hermosa descripcion de un pais que aunque cerca nunca he visitado, tendre que ir a descubrirlo mientras tanto tu sigue disfrutando, improvisando que tan mal note va jajaja

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  2. Sencillamente genial y genialmente sencillo.
    Qué envidia sana y qué alegría el fondo que nos transmites. Es como una gota de agua fresca en este desierto, aunque también desde la esperanza de encontrar esos espacios de esperanza en este duro invierno. Un saludo y gracias por compartir.

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