5 de septiembre de 2014

Me voy

En unas horas, apenas cinco, dejaré, después de cuatro meses, El Perú, como dicen acá. Me voy sin haber visto el norte, perdiéndome las bodegas de Ica o el oasis de Huancachina. Sin conocer el Amazonas o la selva baja del norte. Me quedan tantas cosas por recorrer que necesitaría una vida para poder disfrutar de este país como se merece.
Sin embargo, me voy con la retina llena de Arequipa, ciudad blanca colonial, cuna de Vargas Llosa, donde la gente es diferente y se respira historia y orgullo. Con tres días de caminata por el Cañón del Colca, 1200 m de desnivel a las 4 y media de la mañana, donde los cóndores casi te tocan y una mami nos ofreció la mejor miel del mundo. Con la vuelta al colegio y la posibilidad de ayudar a alguna niña a que el inglés deje de ser una pesadilla y sea algo interesante. Y descubrir nuevos sitios en el pueblo donde he pasado casi tres meses. Y volver a pasear por las ruinas increíbles del Valle Sagrado, esta vez, acompañada. Y conocer a una burgalesa, vecina, y compartir una botella de vino con ella. Con un viaje por el olvidado centro del país, ese que no aparece en las guías. Y pasar casi 16 horas de viaje para hacer apenas 500 kms. Y quererme quedar en Ayacucho, ciudad que rivaliza con Cusco en belleza, cuna de Sendero Luminoso, donde se me pusieron los pelos como escarpias en el pequeño museo de la memoria ("para que no vuelva a pasar", es su lema). O Huancavelica, ciudad donde la gente mima al turista que se aventura a llegar hasta ella. Con paisajes a casi 5000 m de altitud donde la nieve te rodea y no puedes sino imaginarte lo dura que tiene que ser la vida para la gente que vive en los pueblecitos que salpican el camino. Con el olor del abuelo que comparte taxi contigo, y con su historia. Con alpacas con "pendientes" de lana o lazo, tradición ancestral que se mantiene desde Santiago Apostol hasta finales de agosto y que hace que todos los animales estén "guapos". Con ese paisano que te tira de la manga y te invita a cerveza y a bailar sin parar cuando pasas por su pueblo, compartiendo contigo el último día de celebración de Santiago, fiesta que dura un mes. Y con ese viaje en tren un tren que sale una vez al mes y que es el culpable de que haya seguido esa ruta, y no otra. 
Plaza de Armas, Arequipa
Pero sobre todo me voy con el corazón lleno de personas amables y trabajadorass. Personas que han estado presentes desde que llegué o que me he cruzado por el camino en mercados, cafeterías, autobuses, en la calle, con las que he cambiado cuatro palabras o una larga charla sobre las cosas más insospechadas. Personas que trabajan de sol a sol, de lunes a domingo. Mamis que miran al infinito en medio de la nada, pastoreando a su rebaño o pensando en vete tú a saber qué. Niños a la espalda, en los mercados, con su uniforme y su gorrito para evitar quemaduras bajo el sol ardiente a más de 3000 m de altitud.

15 de agosto de 2014

Lago Titicaca

El sol entra por el ventanal parcheado con cinta adhesiva. Abro los ojos. El cielo es bicolor. Una franja anaranjada separa el agua del cielo. La arena parece azúcar y por ella husmean mamá cerda y seis cerditos peludos. Me levanto y veo por la derecha un ternero que corre alocado colina abajo. Por un momento parece un perro y regresa hasta donde está su madre, que camina despacio. Pablo, el único vecino que hay a pie de playa, tardará un rato en aparecer. Noe y Ainhoa, burgalesa y bilbaína, charlan en el piso de arriba. Comienza el octavo día en la Isla del Sol, que nos ha atrapado sin remedio.

7 de julio de 2014

Tres Cruces

Ayer recibí el correo de un amigo preguntando qué tal estoy y haciéndome notar que hace mucho que no pongo nada en el blog. Cuando he visto que hace casi un mes de la última entrada, no lo podía creer. Se me ha pasado el tiempo volando, y volando sigo en el colegio, como os contaba en la última entrada.
Pero no todo es trabajo e intentar ayudar a las chicas, que ya han hecho los exámenes de los cursos suspensos del año anterior (el viernes) y que siguen haciéndome recordar la historia universal o las matemáticas y la química básica. Ni cocinar y aprender cosas ricas para hacer cuando vuelva, o tener durezas ya de tanto picar cosas. ;) También ha habido aventuras de fin de semana. Y digo aventura, porque en el momento en el que sales de los circuitos un poco más turísticos, moverse es toda una aventura en este país.
Como intentar llegar a Tres Cruces,

13 de junio de 2014

VASAU

VASAU, o Valle Sagrado Urubamba, es el nombre del colegio donde llevo ya más de un mes y que hace que cada vez tenga menos tiempo para escribir y subir fotos y contaros qué es lo que hago.
Este mes, está lleno de eventos, y aquí se celebran todos. El día de la madre, el día del ex-alumno, el día del padre, el día Mundial del Medio Ambiente, el día de la batalla del Ollanta y para colmo, hasta ha venido Carlos Noriega, ¡¡astronauta!! para dar una charla a los chicos, algo totalmente sorprendente.
Irami y Dajana vestidas para bailar el día de la madre

28 de mayo de 2014

Pisac

Llegar a Pisac, a 33 kms de Urubamba, es una hora y cuarto de camino. De badén a badén (aquí jibas), el autobús acelera para parar un minuto más tarde a recoger un pasajero o echar gasolinai con el motor encendido. El paisaje sigue siendo espectacular. Cascadas que brotan en medio de imponentes paredes cubiertas de tremendos cactus. Un niño rezando el rosario mientras camina. Carreteras que suben a los cerros cosiendo la montaña en perfecto zig zag. Una bicicleta con un gran cajón delantero que contiene tres pequeños sentaditos, a los que sólo veo el gorrito de lana. Un cartel de un concurso de cocina campesina que ya pasó. Campos (chacras) cubiertos de maiz blanco secándose al sol después de dos días de lluvia inesperada. Dos mujeres bajo el sol con vestidos artesanos y unos sombreros difrerentes

15 de mayo de 2014

Ollantaitambo

Ollanta es un sitio mágico, como mágica es muchas veces la vida. Sin intención de hacer nada el fin de semana, son las hermanas las que me sugieren que me acerque a Ollantaitambo a dar una vuelta. En la combi se sube Florencia, y pasamos el día juntas. He visto mi primer colibrí y mi primera alpaca. Ha llovido encima mío con un muro inca como único resguardo hasta que me he calado. Me he secado bajo el arco iris. He visto esconderse el sol bajo el cerro, contemplando las terrazas bajo el templo al dios del mismo astro que contemplaba irse. He comido en el mercado por menos de lo que pagué por un café. Me han recordado que la edad de lleva en el espíritu mientras subía a duras penas los escalones hacia la cima. Una abuela preciosa ha posado para mi.

8 de mayo de 2014

Urubamba

Pues sí, ya estoy en Perú, más concretamente en Urubamba, a unos cuarenta kilómetros de Cuzco (aquí Cusco), lo que se traduce en algo más de una hora de alocadas carreras en combi (furgoneta para 11 pasajeros y conductor).

El pueblo, a casi 3000 metros de altitud, está encajonado entre impresionantes nevados (montañas de más de 5000 m en las que hay nieve todo el año) y es la capital del sector de la zona. El centro es una perfecta cuadrícula con altas aceras y casas blancas de un solo piso a un lado y a otro, en las que puerta y ventanas están pintadas de azul oscuro, verde o granate. Detrás de las puertas imponentes patios alrededor de los cuales viven varios vecinos, vestigios de la época española.

24 de abril de 2014

Lección 1: sobre cómo aprender a no hacer planes

Hace poco he leído: "cuidado, que a veces los sueños se cumplen". Me gustó la frase y todavía cuando la escribo me hace sonreír. Mi sueño, desde hace media vida (según mi madre algo más), ha sido tener un año para hacer lo que quisiera. Y cuando el día uno de abril lo comencé, tenía un plan en la cabeza de lo que iba a ser. Los primeros cuatro meses totalmente definidos, y el resto, con un hilo trazado bastante claro. O eso pensaba yo.

15 de abril de 2014

En ruta

Después de los ocho días tan intensos del Camino, el llegar a casa ha sido duro. Tantos momentos especiales y lecciones aprendidas, que regresar a tus cuatro paredes con ganas de seguir caminando y sin poder hacerlo, ha sido otra buena lección por superar.
Tan cuesta arriba se me ha hecho, que hasta he vuelto a encender la televisión (algo que llevaba muchos meses sin hacer).
He barajado muchas opciones. Desde pintar la casa, hasta hacer una ruta por España de más de 2000 km con mi peugeot, pasando por escribir una novela en tiempo record (como que fuera fácil jaja) o ir de visita relámpago a Alemania. De momento, ayer, mi coche en el taller de Ricardo, preparado para carretera y manta. Y esta noche dormiré en Toledo. Para los que os pilla lejos, este año se conmemora el cuarto centenario de la muerte del pintor, y allá que me voy, a volver a perderme por la ciudad y con suerte ver algo que ya vi hace muchos años para que mi memoria no lo olvide.
¿Después? Ya veré. ¿Hasta cuándo? Sin fecha.
En estos quince primeros días he aprendido que es mejor no hacer planes y que salga el sol por donde quiera, así que hasta ahí os puedo contar. Aunque es cierto que, si no se tuerce, desayunaré viendo la Catedral, pero de Toledo, mañana. Todo un lujo. Y sí, ya sé que eso es hacer planes, pero por si acaso, el desayuno todavía no lo he pagado jajajaja :)
Os voy contando
¡Buen día a todos!

10 de abril de 2014

Ocho días: Destino León (y no Santiago)

Sí, estoy de vuelta en casa. Llegué ayer, por la mañana, después de dos horas en tren donde pude durante un rato ver el paisaje tan repetido durante toda la semana a lo largo de las horas desde mi ventana. El tren me alejaba de Santiago.
Y es que no se pueden hacer planes mientras caminas. Es algo que he ido oyendo muchos días, pero que he aprendido a golpes. Tienes que escuchar al cuerpo y es él quien decide. El lunes por la tarde, sin embargo, hablando con mi amiga Bea, planeaba acelerar para intentar llegar a Sarriá en 7 días y así unirme a ella y acabar el Camino juntas. Y es que estaba tan bien. Por primera vez en toda la semana, no me dolía nada, ni una pizca. El resto del grupo se quedaría en León, pero yo seguiría unos kilómetros más hasta Virgen del Camino. Apenas siete, pero así iba adelantando poco a poco.